Redacciones llenas de silencios y algoritmos

Javier Álvarez Amaro

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que las redacciones olían a café de máquina y sonaban a teclados aporreados entre voces de periodistas que se cruzaban con prisa. Era difícil encontrar una mesa libre y existía una conciencia clara de la importancia de cada línea publicada, de cada palabra emitida.

Hubo un tiempo imperfecto, pero en el que era más importante contar algo bien que contarlo una hora antes, y en el que siempre había margen para una última llamada que confirmara una noticia.

Pero los tiempos han cambiado. Basta hablar con los que aún siguen dedicando su vida a este oficio tan necesario para comprobar que en demasiados casos hoy esos sonidos han sido sustituidos por los de la prisa, la precariedad y la resignación. La precariedad laboral no es una anécdota dentro de este nuevo periodismo; es su nueva realidad. Ritmos de producción desbocados, plantillas menguantes y salarios que apenas permiten sostener una vida digna han convertido el ejercicio de informar en una carrera de fondo sin meta clara.

A esta fragilidad estructural se suma el adelgazamiento de las redacciones, un proceso en el que se ‘expulsa’ a los periodistas veteranos. Son caros y prescindibles, dicen las cuentas y los despachos. Y con cada salida se va algo que no figura en los balances: la memoria, el olfato, la capacidad de distinguir lo importante de lo accesorio… el oficio.

Menos manos para más contenido. Más ruido, menos profundidad. El resultado, una información cada vez más superficial, más homogénea, más dependiente de agencias y declaraciones.

No es casual que muchos periodistas hayan emigrado a la comunicación institucional y corporativa, el marketing y la educación, en una fuga constante que lanza un mensaje demoledor a quienes empiezan: este ya no es un lugar donde quedarse.

Mientras el periodismo se debilita, otros actores ocupan su espacio. Las redes sociales, los algoritmos y el posicionamiento en buscadores han comenzado a dictar qué es noticia y qué no. No se trata de informar, sino de competir por un clic.

Tal vez haya llegado el momento de asumir que no se puede construir un periodismo fuerte sobre cimientos débiles.

Hoy, donde hubo tiempo para contrastar, hay urgencia por publicar. Donde hubo agitación y debate, encontramos mesas vacías. Donde hubo criterio, quedan algoritmos.

Lo preocupante no es que el periodismo esté en crisis. Lo inquietante es que empecemos a acostumbrarnos a ello.

JAVIER ÁLVAREZ AMARO. Presidente de la Asociación de Periodistas de Cáceres

Artículo publicado en el Anuario 2025 de la Asociación de Periodistas de Cáceres

 

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