Juan José Ventura

En 2025 dijimos adiós a dos gigantes de la música y la poesía. Pablo Guerrero (Esparragosa de Lares, 1946) y Roberto Iniesta, ‘Robe’ (Plasencia, 1962), cada uno en su estilo, eran a la vez, grandes literatos y músicos capaces de crear auténticos himnos como A cántaros o La vereda de la puerta de atrás. Con solo una guitarra o con toda una banda de rock transgresivo detrás sabían tocar el corazón de quienes los escuchaban. Además, ambos tenían una faceta literaria tan fascinante como la musical, destacando la Poesía Completa y el Viaje íntimo de la locura como títulos más destacados. También fueron grandes luchadores, uno contra la dictadura franquista y otro contra las normas sociales establecidas.

Aunque en mi labor periodística entrevisté a ambos, tengo que reconocer mi predilección por Pablo Guerrero, una rara avis, en evolución constante toda su vida, pasando de la canción protesta de sus inicios, la música minimalista al tecno indie de sus trabajos con Orquesta Las Nubes. La altura poética de las letras de sus canciones es estratosférica. Si en vez de haber nacido en Esparragosa de Lares, Pablo hubiera venido al mundo en Brooklyn o en Londres, estaría entre los grandes músicos poetas internacionales como Bob Dylan o Leonard Cohen. Lo recuerdo especialmente en un concierto en Brozas, junto al cantautor local Nico de Brozas, junto a la estatua de El Brocense, dejándonos a todos extasiados con su poesía y su voz de tubería antigua. Así de generoso era, siempre ayudando a los que empezaban en el oficio, como buen profesor.

En cuanto a Robe, mi primer contacto fue en un concierto que dio en Cáceres, en una sala de la Madrila con motivo de su cumpleaños. Estaba en sus inicios y yo escuchaba a todas horas su disco Somos unos animales y ya se barruntaba la genialidad de sus textos y armonías, siempre a contracorriente de la sociedad burguesa, que se confirmará en su siguiente disco Deltoya. Lo entrevisté en la sede de El Periódico Extremadura, en Camino Llano, y me pareció entonces alguien tocado por la varita mágica de la creatividad. Tras sus etapas en Extremoduro y Extrechinato y tú, llegó su fase en solitario, que acometió con músicos extremeños de la talla de Woody Amores (guitarra) y Lorenzo González (voz y bajo), a la sazón amigos y excelentes profesionales. Aquel meteorito que sobrevoló sus cabezas en uno de sus últimos conciertos en Cáceres fue el presagio de una carrera fulgurante que se disipaba como la estela de una gozosa estrella fugaz. Solo quienes la vimos sabemos de su belleza.

JUAN JOSÉ VENTURA. Periodista